domingo, 14 de noviembre de 2010

Vulcano

Parece mentira que, a estas alturas aun me pase esto, pero no deja de sorprenderme que, siendo el mismo el mundo en el que todos vivimos, cada uno de nosotros lo perciba de una manera diferente, a niveles tan fundamentales, tan primigenios, que, al enfrentarme a según qué visión, me quede anonadada, sin argumentos para rebatirla, sin palabras, aunque mi lógica interna chirríe desesperada ante tremenda infracción de los principios de la (su) lógica.
Soy una intransigente. Si, lo se. No puedo evitarlo. Como no puedo evitar intentar imponer mi punto de vista cuando estoy (tan) convencida de estar en lo cierto.
Quizás sea verdad que no dejo espacio para la imaginación, que baso mi percepción de la realidad en lo que es científicamente demostrable, que soy fria y inerte como una mesa de laboratorio, que se le va a hacer, cada cual es como es y no tengo ninguna intención de actuar en contra de mi instinto.
Por eso, aunque digan por ahí que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, yo me pido ser un bicho raro, me pido Vulcano.

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