Leer mientras sólo se oyen cantar los pájaros
avanzar un proyecto escuchando la risa de los niños en sus juegos
caminar entre los ruidos de la ciudad
...
mientras en mi monólogo interior hilaba ideas, imaginaba mundos, construía edificios de palabras.
todo esto es lo que he perdido desde que el silencio no es mi amigo.
ahora vivo rodeada de palabras que no son las mías, que llenan mi cabeza y no dejan que las ideas afloren.
Las palabras de otros no dejan que mis miedos broten. los mantienen a raya y así puedo respirar.
Y así, mientras cada día vivo mil historias ajenas, la mía languidece en un rincón oscuro.
domingo, 28 de mayo de 2017
lunes, 24 de abril de 2017
Los Libros Y Yo
No
tengo recuerdos prelectura, simplemente aprendí a leer muy pronto. Cuentan en
casa que a los cuatro años podía leer de corrido el periódico y dice mi madre
que si no sabía donde estaba (y no me había ido corriendo a casa de la abuela
para no hacer la cama) seguro que estaba en algún rincón, perdida en un libro.
Leer
es para mi un placer, un vicio y una obsesión; la literatura me ha abierto
puertas a mundos sorprendentes y a mi propia alma.
Puedo
releer un libro hasta desgastarlo y abandonar otro tras haber leído un puñado
de páginas porque, que se le va a hacer, nací con un espíritu crítico y hay
páginas que no merecen mi tiempo, a no ser que necesite leerlas para pasar un
examen o lo haga con la intención de decorarlas con post-its en homenaje a su
agramaticalidad, carencia de lógica, errores en la traducción y memeces varias.
Quiero aclarar que sé que mi prosa es muy imperfecta y nada me haría más feliz
que el ver uno de mis textos mejorado con post-its de colores y notas al margen
y acentos corregidos en boli rojo.
No
sé si el hecho de que esas historias inventadas y los personajes que las
pueblan sean tan importantes en mi vida es algo bueno o una señal de que algo
no anda del todo bien en mi cabeza. No sé hasta qué punto es normal llorar
desconsoladamente a lágrima y moco tendido porque un libro se acaba y tienes
que decir adiós a todo un mundo, o porque un personaje muere cuando ya era como
de la familia, pero a mí me pasa. No muchas veces, pero me pasa. Me pasó con la
Tierra Media, me pasó con Dumbledore y aún estoy de duelo por Yaya Ceravieja.
A
veces pienso que igual perderme en mundos de ficción no me ayuda mucho a capear
los temporales y galernas del mundo real, ese del día a día, del sol que sale
por la mañana, del mundo de los adultos con sus facturas, impuestos y
obligaciones, de las plantas en la ventana que hay que regar o se agostan en
mayo. Pero es tan fácil tirarse de cabeza en la primera página y huir, como
huía de pequeña a casa de la abuela. Y ahí es donde vivo yo, en esa falta de
equilibrio entre monólogo interior y conversaciones de cafetería, entre vida y
letra impresa.
verde
Despierta, vístete,
¿dónde están tus zapatos? Llaves, móvil, cartera... hasta luego amor, sube al
coche venga, ponte el cinturón ... cada día vamos más tarde.
Holamamáhoyvendrémástardequetengounareuniónsivesquesehacemuytardeledaslacenatuhastaluegocariñopórtatebienynohagasenfadaralosabuelosunbesoadiós.
Así empezaban las
mañanas aquel verano y yo llegaba medio dormida a la cocina de los abuelos y al
vaso de leche con Colacao y galletas María.
Los abuelos vivían en
un chaletito de esos que nacieron en el campo pero se vieron engullidos por la
marabunta urbana y eran entonces un archipiélago de casitas con jardín en medio
de la ciudad. Cuando yo llegaba
los abuelos ya habían desayunado, pero el abuelo siempre me robaba una galleta
de camino al patio mientras la abuela estaba distraída con el periódico.
Durante la mañana el
abuelo solía trajinar por el jardín, moviendo macetas, arrancando hierbas,
regando y arreglando los desastres que le ocasionaba con mi afán por ayudar. Yo
lo seguía acribillándolo a preguntas sobre las plantas, los pájaros, los
bichos; incluso tenía mis macetas y las cuidaba con un amor de esos que
matan... aquel verano ahogué tres cactus y hasta conseguí que un geranio se
cansara de estar vivo.
Otros días iba a
comprar con la abuela y le insistía en que me enseñara a tejer. Ella era una
tejedora incansable; pero a mí no me tocó ese gen en el reparto y en mis
muestras siempre había agujeros de más y puntos de menos; nunca conseguí que
mis puntos fueran todos iguales pero no por eso dejaba de intentarlo porque el
gen de la tozudez sí que lo heredé.
Algunos días dejaba
tranquilos a los abuelos y exploraba la casa por mi cuenta. Podía mirar en los
armarios si no desordenaba la ropa, jugar con los recuerdos de la vitrina si
era cuidadosa y usar la máquina de escribir. La máquina me fascinaba, el
mecanismo, el ruido al apretar las teclas, la magia de la palabra impresa. Me
podía pasar horas jugando a ser una gran escritora poseída por las musas
apretando teclas a toda velocidad y llenando folios de galimatías o escribiendo
una historia poquito a poco para no equivocarme, casi, ni una sola vez. Pero no
tenía permiso para tocar los libros de los abuelos. Podía leer los míos, o los
de cuando papá era pequeño que estaban en el estante más bajo, pero los otros,
los de los títulos exóticos y los lomos con letras doradas, esos no.
La hora de la siesta
era sagrada en aquella casa. Hasta que el reloj del salón daba las cuatro no se
oía ni una mosca y en teoría todo el mundo dormía. Pero a mí no me gustaba
hacer siesta y cuando estaba segura de que dormían, me levantaba y, de
puntillas, jugando a ser una exploradora en el territorio de una tribu
peligrosa o una espía tras las líneas enemigas, me paseaba descalza por la
casa.
Un día, aburrida de
ganar guerras y cartografiar selvas ignotas fui a buscar un libro para leer en
el patio. Pero leer un cuento no era propio de espías y exploradores y allí,
justo delante de mis ojos estaba El Libro. Tenía las tapas verdes y en dorado
se leía La Isla Misteriosa, el mejor título de todos los tiempos. Desde que lo
leí la primera vez había imaginado un centenar de islas con sus misterios
misteriosos ¿se parecería el misterio del libro a alguno de los que yo había
imaginado? Hoy era el día de descubrirlo: Cogería el libro con cuidado, leería
un ratito y lo devolvería a su sitio antes de que se levantaran los abuelos.
Y cogí el libro y
sentada en la butaca del salón lo abrí y empecé a leer.
Al principio fue un
poco decepcionante porque no decía nada de ninguna isla pero salía un globo y
eso también era interesante, leí un poco y lo dejé en su sitio antes de las
cuatro. Al día siguiente, envalentonada porque la hora de la siesta llegó sin
que nadie me regañara por coger el libro, me lo llevé al patio. Estaba leyendo
sentada en el poyete que seguía la pared al fondo del patio, debajo del tilo,
cuando oí a papá llamándome desde el recibidor. Con el corazón saliéndoseme del
pecho me saqué la camiseta, envolví el libro y lo dejé encajado entre una
maceta con un helecho enorme que tenía a mi lado y la pared. Papá había acabado
pronto en el trabajo y venia ¡para llevarme a la piscina!
Aquella tarde en la
piscina fue la más larga de mi vida. Al llegar a casa oí a papá comentarle a
mamá que había disfrutado más él que yo, sonaba triste. Claro que yo había
estado toda la tarde pensando un plan para devolver el libro a su sitio antes
de que nadie se diese cuenta.
Me despertaron los
truenos. Y empecé a llorar. Esa noche no dormí más, cada vez que cerraba los
ojos veía el libro convertido en un montoncito de pasta de papel con trocitos
verdes y dorados dentro de mi camiseta.
Por la mañana llegué
a casa de los abuelos arrastrando los pies y cabizbaja, como los cristianos
cuando los llevaban al circo. Pero sin cantar.
En la mesa de la
cocina estaban esperándome el vaso de leche y las galletas. El abuelo pasó
cogió una y se fue al patio. Lo seguí. La tormenta había roto ramas y había
tumbado algunas macetas y él estaba poniendo orden. La maceta con el helecho
seguía en su sitio. Fui hacia allí y miré detrás. Pero mi camiseta no estaba.
Había una bolsa de plástico en su lugar. La cogí sin entender nada y miré
dentro. Era un libro; era la Isla misteriosa, pero sin tapas verdes ni letras
doradas. Me giré y allí estaba el abuelo con el libro verde en la mano, esto
mejor no se lo explicamos a la abuela, dijo sonriendo.
domingo, 23 de abril de 2017
Papel
Una de las cosas que he aprendido de mis miles de horas de
inmersión cienciaficcionera es que hay que preservar la cultura en un medio de
fácil acceso que no requiera de ninguna tecnología avanzada para su uso: el
libro, en papel, de toda la vida.
Si (cuando) una civilización cae, su tecnología cae con
ella. Y Mad Max nos enseñó que la vida post-tech es dura y hay mucho polvo.
Si toda la información, si todos los logros tecnológicos y
todas las historias inventadas están guardadas en una nube digital ¿de qué le
servirán a esas generaciones futuras? ¿cómo podrán acceder? En un mundo sin
electricidad un kindle es una bandeja.
No digo que tengamos que memorizar cada uno un libro à la
Fahrenheit 451 pero si no contamos con una casta de bibliotecarios para preservar
la tecnología como en Trantor más nos vale guardar la información en papel.
Quizás en una de las perneras del tiempo existirán
neo-monjes recluidos en neo-monasterios dedicados a conservar y renovar el
conocimiento, copiando libros y actuando como centros de cultura y de
formación. Y la civilización se extenderá en anillos concéntricos alrededor de
estos sitios.
En los bancos de semillas por si la catástrofe llega, no se
guardan los genomas de las especies codificados en binario y comprimidos en una
base de datos para que la gente del futuro bla bla bla, se guardan semillas.
Porque son la unidad mínima y necesaria de información para producir una planta
nueva.
Por eso propongo crear bancos de libros para el futuro.
En búnkers con atmósfera controlada.
Lejos de las grandes ciudades donde quizás (seguramente)
caigan las bombas.
Para que esos libros sean las semillas de la civilización
que vendrá.
sábado, 1 de octubre de 2016
Entre mares de oro
Quiero caminar entre hayas centenarias para sentirme efímera.
Preferiblemente en otoño, con un mar de oro sobre mi cabeza y otro bajo mis pies conectados por columnas de plata.
Porque las hayas son los árboles reales más parecidos a los mallorn de Lorien. Quizás seria más correcto decir que Tolkien se inspiró en ellas para crearlos pero en mi mundo primero llegaron los mallorn, con Galadriel y los elfos, y más adelante las hayas.
Si pudiera plantaria, haya a haya, un bosque cerca de casa para que, si no yo, alguien en el futuro pudiera sentirse así. Pero no es posible. Aunque ya tenga pensado el sitio y pueda imaginarme al detalle cómo quedaria.
En Lleida no crecen bien las hayas.
Puedes tener una en el jardin, o en una maceta supongo. Pero no puedes tener un hayedo.
Tenemos demasiado sol y demasiado calor en verano y muy poca humedad ambiental.
Un haya en Lleida sufre. Y si bien los ejemplares adultos podrian vivir aqui... crecer aqui... es otro cantar.
Y, aunque estoy por comprar semillas... y darles unas hermanitas nuevas a mi nogal, laurel, magnolia, ginkgo y mango, tendré que viajar al norte a caminar entre hayas, preferiblemente en otoño.
Preferiblemente en otoño, con un mar de oro sobre mi cabeza y otro bajo mis pies conectados por columnas de plata.
Porque las hayas son los árboles reales más parecidos a los mallorn de Lorien. Quizás seria más correcto decir que Tolkien se inspiró en ellas para crearlos pero en mi mundo primero llegaron los mallorn, con Galadriel y los elfos, y más adelante las hayas.
Si pudiera plantaria, haya a haya, un bosque cerca de casa para que, si no yo, alguien en el futuro pudiera sentirse así. Pero no es posible. Aunque ya tenga pensado el sitio y pueda imaginarme al detalle cómo quedaria.
En Lleida no crecen bien las hayas.
Puedes tener una en el jardin, o en una maceta supongo. Pero no puedes tener un hayedo.
Tenemos demasiado sol y demasiado calor en verano y muy poca humedad ambiental.
Un haya en Lleida sufre. Y si bien los ejemplares adultos podrian vivir aqui... crecer aqui... es otro cantar.
Y, aunque estoy por comprar semillas... y darles unas hermanitas nuevas a mi nogal, laurel, magnolia, ginkgo y mango, tendré que viajar al norte a caminar entre hayas, preferiblemente en otoño.
miércoles, 24 de agosto de 2016
SULTAN
Jo no sóc creient però si de veritat existeixen un cel i un infern, espero que en aquest darrer hi hagi una sala especialment desagradable reservada per als lladres de gossos.
En diem lladres, com si el que s'emporten fos una propietat, jo en dic segrestadors, perquè el que s'emporten és un dels integrants d'una família.
Si de veritat tenim ànima, aquestos desgraciats no en tenen o l'han perduda. O potser se'ls hi ha podrit i tant de bo aquesta podridura els cremés per dintre. Que en són d'afortunades aquestes bavoses amb forma humana que jo no pugui ,amb el poder de la meva ment, estimular els seus receptors de dolor a perpetuïtat, que jo no pugui traslladar el dol, la pèrdua, les hores de plors de la família que trenquen i fer-los-hi sentir com a propis en un loop continu fins a la fi dels seus dies.
Quina sort tenen aquestos monstres de la meva carència de poders mentals.
He somiat que el Sultan estava a casa.
Que un nen de set anys s'aixequi plorant del llit i et digui això et trenca per dintre.
Però el Sultan ha marxat i no tornarà. Segur que és mort perquè si no ja hauria tornat a casa, va seguir dient entre plors.
Quin consol li pots oferir a un nen a qui li han pres el company de jocs i aventures, l'amic que el sortia a rebre i el protegia de tot mal?
Que li pots dir? Que pots fer?
Si ets com jo els hi desitges dolor als sociòpates que li han pres un tros del seu cor d'infant al teu nebot, els hi desitges que el cap se'ls hi esberli com una síndria llençada contra el terra.
L'únic consol que em queda és saber que, de moment, ell no pot imaginar-se com poden arribar a ser d'inhumanes algunes "persones" i que pot seguir creient que hi ha gent bona al món.
miércoles, 3 de agosto de 2016
Elegía
Oh, botella de colonia
¿Por qué tuviste que romperte?
¿por qué tú?
¿por qué no un plato o una taza?
¿por qué no el bote de la mermelada?
Oh, botella de colonia
¿Por qué has tenido que irte antes de tiempo?
Si querías un final dramático,
¿por qué no esperar a estar casi vacía?
¿por qué irte ahora cuando aún nos quedaba tanto por compartir?
¿Por qué tuviste que romperte?
¿por qué tú?
¿por qué no un plato o una taza?
¿por qué no el bote de la mermelada?
Oh, botella de colonia
¿Por qué has tenido que irte antes de tiempo?
Si querías un final dramático,
¿por qué no esperar a estar casi vacía?
¿por qué irte ahora cuando aún nos quedaba tanto por compartir?
Oh, botella de colonia
Ahora te añoro y en casa todo huele a ti
El colchón huele a ti
El neceser huele a ti
La bolsa huele a ti
Todo menos yo
Yo ya no huelo a ti
martes, 10 de mayo de 2016
Hemos roto el mundo
Mi madre siempre me decía que no leyera tanta ciencia ficción ni mirase tantas "pelis raras" que no me podían hacer ningún bien.
Y en cierto modo tenia razón, la puñetera.
Leer ciencia ficción te da con el tiempo una cierta clarividencia. Hay cosas que las ves venir. Hace unos años, cuando con las amigas empezamos a "ver" patrones en el mundo real que reflejaban futuros que habíamos leido, decidimos elaborar un plan de contingencia, para cuando la civilización tal y como la conocemos se disolviera en polvo y muerte.
Empezó como una broma pero como somos obsesivas se quedó, era una piedrecita más a la que dar vueltas y un tema para las cenas - en las que los que no sabían de qué iba el asunto nos miraban aun más raro que normalmente cuando decíamos cosas como "caballos, necesitamos caballos" sin venir a cuento y los que sí lo sabían ponían los ojos en blanco, hartísimos del tema.
Hace mucho que no hablamos de la lista.
Porque nos asusta y nos deprime.
Porque el mundo está más allá del limite de elasticidad y la sociedad es una bola acelerando cuesta abajo, sin Sísifo que la salve.
Me encuentro últimamente pensando más y más en las palabras del Agente Smith en Matrix. Nuestra especie es una desgracia para el planeta. Debemos ser un error evolutivo.Teniamos un planeta precioso en usufructo y lo hemos convertido en un vertedero, y eso que es el unico sitio en el universo en el que podemos vivir. Miedo me da pensar que habríamos hecho si tuviéramos más de uno.
Cuando era joven, menos cínica y más inocente, pensaba en el futuro como un lugar luminoso en el que nadie pasaria sed ni hambre y todo el mundo tendria acceso a la cultura, la sanidad y las estrellas. Veia Star Trek y su Federación. Veia Trantor y su Biblioteca.
Ahora mi futuro ha perdido su luz. Está lleno del polvo de Mad Max y la separación de clases de Neuromante y Soylent Green. Está lleno de las enfermedades a la carta de Utopia y curiosamente de los desesperados de Los Miserables.
Igual algún que otro Walden 2, bajo tierra o en arcologias estancas podria tirar adelante, pero me da claustrofobia sólo de pensarlo, y , naturalmente, las plazas estarian reservadas para quien pudiera pagárselas.
Y tengo pesadillas de guerras, de invasores de metal y fuego contra nuestros pijamas y pies desnudos en los que corro rodeada de niños mientras el infierno se desata sobre nuestras cabezas.
Y en cierto modo tenia razón, la puñetera.
Leer ciencia ficción te da con el tiempo una cierta clarividencia. Hay cosas que las ves venir. Hace unos años, cuando con las amigas empezamos a "ver" patrones en el mundo real que reflejaban futuros que habíamos leido, decidimos elaborar un plan de contingencia, para cuando la civilización tal y como la conocemos se disolviera en polvo y muerte.
Empezó como una broma pero como somos obsesivas se quedó, era una piedrecita más a la que dar vueltas y un tema para las cenas - en las que los que no sabían de qué iba el asunto nos miraban aun más raro que normalmente cuando decíamos cosas como "caballos, necesitamos caballos" sin venir a cuento y los que sí lo sabían ponían los ojos en blanco, hartísimos del tema.
Hace mucho que no hablamos de la lista.
Porque nos asusta y nos deprime.
Porque el mundo está más allá del limite de elasticidad y la sociedad es una bola acelerando cuesta abajo, sin Sísifo que la salve.
Me encuentro últimamente pensando más y más en las palabras del Agente Smith en Matrix. Nuestra especie es una desgracia para el planeta. Debemos ser un error evolutivo.Teniamos un planeta precioso en usufructo y lo hemos convertido en un vertedero, y eso que es el unico sitio en el universo en el que podemos vivir. Miedo me da pensar que habríamos hecho si tuviéramos más de uno.
Cuando era joven, menos cínica y más inocente, pensaba en el futuro como un lugar luminoso en el que nadie pasaria sed ni hambre y todo el mundo tendria acceso a la cultura, la sanidad y las estrellas. Veia Star Trek y su Federación. Veia Trantor y su Biblioteca.
Ahora mi futuro ha perdido su luz. Está lleno del polvo de Mad Max y la separación de clases de Neuromante y Soylent Green. Está lleno de las enfermedades a la carta de Utopia y curiosamente de los desesperados de Los Miserables.
Igual algún que otro Walden 2, bajo tierra o en arcologias estancas podria tirar adelante, pero me da claustrofobia sólo de pensarlo, y , naturalmente, las plazas estarian reservadas para quien pudiera pagárselas.
Y tengo pesadillas de guerras, de invasores de metal y fuego contra nuestros pijamas y pies desnudos en los que corro rodeada de niños mientras el infierno se desata sobre nuestras cabezas.
jueves, 10 de marzo de 2016
no me preguntes como estoy
No me preguntes como estoy
no me mires con cara de "ay pobre" si me ves por la calle no me digas que tiene que ser terrible, no me digas que lo entiendes, no me preguntes si he ido al médico, si estoy tomando pastillas, si he dormido, si no he dormido, si he ido a yogas esta semana, si he probado con acupuntura, masajes, hierbas, piedras, santeria, pactos con el diablo, agua bendita, o polvo de hadas.
si estoy por la calle es porque quiero vivir el presente por un rato. quiero hablar, quiero ver gente, quiero reirme, quiero olvidar las tareas sin hacer, la vida en stand-by, el caos doméstico detrás de la puerta cerrada.
si estoy por la calle es porque he logrado cerrar la puerta y seguir andando.
si estoy por la calle es porque los hados o los dioses o los alienigenas me han regalado un ratito sin dolor.
no me lo recuerdes. no me recuerdes mis ojeras.no me recuerdes que necesito un corte de pelo(o peinarme). no me hagas pensar en el circulo desnudo en mi cabeza, que no se si volverá a poblarse esta vez.
no hagas planes conmigo. no cuentes conmigo para cosas que no sean aqui o ahora, porque dentro de una hora, un dia, una semana no se si voy a poder ir/estar y pensar en ello no me ayuda.
esto es una fase y pasará, como las otras veces, y volveré a ser yo. y volveré a hacer planes, y volveré a poder comprar entradas anticipadas, y volveré a tener horarios, y volveré a estudiar, y a bailar, volveré a bailar sin preocuparme de nada más.
Pero de momento, si me ves, no me preguntes como estoy.
no me mires con cara de "ay pobre" si me ves por la calle no me digas que tiene que ser terrible, no me digas que lo entiendes, no me preguntes si he ido al médico, si estoy tomando pastillas, si he dormido, si no he dormido, si he ido a yogas esta semana, si he probado con acupuntura, masajes, hierbas, piedras, santeria, pactos con el diablo, agua bendita, o polvo de hadas.
si estoy por la calle es porque quiero vivir el presente por un rato. quiero hablar, quiero ver gente, quiero reirme, quiero olvidar las tareas sin hacer, la vida en stand-by, el caos doméstico detrás de la puerta cerrada.
si estoy por la calle es porque he logrado cerrar la puerta y seguir andando.
si estoy por la calle es porque los hados o los dioses o los alienigenas me han regalado un ratito sin dolor.
no me lo recuerdes. no me recuerdes mis ojeras.no me recuerdes que necesito un corte de pelo(o peinarme). no me hagas pensar en el circulo desnudo en mi cabeza, que no se si volverá a poblarse esta vez.
no hagas planes conmigo. no cuentes conmigo para cosas que no sean aqui o ahora, porque dentro de una hora, un dia, una semana no se si voy a poder ir/estar y pensar en ello no me ayuda.
esto es una fase y pasará, como las otras veces, y volveré a ser yo. y volveré a hacer planes, y volveré a poder comprar entradas anticipadas, y volveré a tener horarios, y volveré a estudiar, y a bailar, volveré a bailar sin preocuparme de nada más.
Pero de momento, si me ves, no me preguntes como estoy.
jueves, 18 de febrero de 2016
como el mar
hoy como tantas otras veces odio este cuerpo que me traiciona, que no puede evitar las olas de dolor que me atontan y me aletargan. Es un dolor que me encoge y me hace pequeñita. Me mete en una crisálida oscura a la que la luz no llega. quiero esconderme pero no puedo y el dolor no para. llega a mi como el mar, atacando mis costas, enemigo eterno de mi raciocinio. cuando la ola llega no puedo pensar, no puedo moverme, no puedo ser. un letargo extraño me vence y cuerdas erizadas aprietan mi cabeza y yo no hago nada, no puedo hacer nada, no puedo ser.y pasan los dias. y pasan las semanas. y el mar nunca cesa de lavar las arenas de mi mente y al final ya no queda nada.no hay colores, no hay risas, no hay musica.y la vida pasa, y la vida sigue, y yo en mi crisálida me quedo atrás, enterrada en las arenas ya muertas de mis pensamientos absurdos.
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